| PRENSA JUVENIL TRUJILLANA |
La Chova, Club Alfonso Izarra |
Un grupo de jóvenes animados por Mari Sanguino amparándose en la política de Tele Clubs que inventara el ministro de Educación y Turismo Fraga Iribarne por los Sesenta y tantos, organizan el Club Juventud Alfonso Izarra, en locales del Ayuntamiento Viejo (Cañón de la Cárcel). Se hicieron unos estatutos muy parecidos a los que actualmente rigen las asociaciones culturales, estos limitaban su ingreso a jóvenes menores de 30 años, cotizaban una cuota mensual y con esos ingresos se pagaba el sueldo de un conserje que controlaba en la puerta la entrada solamente de socios además del orden estatuario. Cada año se celebraban elecciones de directiva, presidente, vicepresidente, secretario y vocales diversos que coordinaban las actividades del Club representando a sus grupos. El consiliario (un cura) no era electo y solamente podía influir con su gracia escolástica, la política del Club la llevaban los socios al través de su directiva. Todo muy democrático. Las elecciones de 1969 en plenas Navidades se presentaban ‘sangrientas’ y la gente más joven estaba harta del muermo e inactividad reinante decidiendo dar un Golpe de Estado para poner en marcha el Club al modo de la minoría activa pues el bando contrario, aparentemente mayoritario, ni sabía ni contestaba, solo sí Wuana. Los sediciosos decidieron editar un periódico que se llamó LA CHOVA. En máximo secreto fueron confeccionando su obra que se editaría en una multicopista ‘vietnamita’, pura serigrafía de oficina y a mano, hoja por hoja en texto y dibujos picados con maquina de escribir en el cliché. Aquel primer número se estampó en la taberna del Filis en la Villa. Los conspirados se repartieron los doscientos ejemplares escondiéndolos bajo sus trenkas y todos al Club que aquella noche había elecciones generales. Eludiendo la fiscalía del señor Quico entraron en el Club repartiendo el periódico impunemente. El escándalo fue mayúsculo pero los redactores aguantaron con firmeza, al día siguiente en reunión sumarísima deciden expulsar durante tres meses al cabecilla. Obviamente sus compañeros dejaron de ir al Club. Pero no todo el Ayuntamiento Viejo estaba en manos del Alfonso Izarra, el salón de encima de los arcos pertenecía al Frente de Juventudes y se utilizó para montar un museo arqueológico manteniendo un club paralelo en primera línea de Plaza. Aquella pandilla no pretendían cargarse el Club, aguantaron y dos o tres meses después, ante la inactividad mortecina de los socios, la Directiva decide pactar con los rebeldes creándoles una vocalía con lo que el Club resucita. Al llegar el otoño de 1970 vuelven los conflictos repitiéndose la historia, salió el nº 2 de LA CHOVA, pero esta vez se hizo en casa de Fermín el del Toro. En este número participó más gente y el negocio acabó en el Juzgado de Primera Instancia que llevaba don Ramiro Baliña. Fueron denunciados por prensa ilegal y clandestina, el denunciante quería llevar el asunto al TOP. Una buena mañana llega un guardia civil a casa del cabecilla para llevárselo detenido al cuartel, menos mal que convenció al guardia de que iría después de desayunar, la autoridad accedió y tiempo justo de llamar a uno de la banda para que llevara a Saponi en Cáceres (Delegado Provincial de Juventudes) ocho o diez ejemplares de LA CHOVA.´ Saponi dio de alta la revista como actividad de la OJE mientras el detenido se las veía con el brigada Cotrina en los tétricos despachos de aquella guardia civil. Le soltaron a la hora de comer y la denuncia siguió su curso… En la primavera de 1971 ganaron el juicio gracias al juez que supo entender que aquel asunto no tenía nada que ver con el comunismo, como así era, pero el percance dio ideas y enriqueció muchísimo al personal alboreándose la progresía naciente de Trujillo. El Club sobrevivió a Franco y recibió su última puñalada cuando previsto y aprobado que todo el edificio del Ayuntamiento Viejo se convertiría en una estupenda Casa de la Juventud cambiaron los planes haciendo los juzgados que hoy perviven en tan histórico y juvenil lugar. |
Aniceto Buenadicha |
| ARRABAL DE SAN CLEMENTE |
Los paganos de las Viñas no tenían iglesia propia y sabemos que durante toda la Edad Media hasta el siglo XVI bajaban a Trujillo los Domingos para oír misa, les tenían asignada la iglesia de San Clemente y como esta parroquia desapareció absorbida por el convento de concepcionistas franciscanas (hoy es Parador de Trurismo) les hicieron en el Pago una ermita dedicada a San Gregorio, finales del siglo XVI, y según Don Juan Tena duró hasta que la derribaron los franceses en 1809 y por cierto también mataron a una monja de San Francisco el Real de la Coria, a la que huida de su convento pillaron en una calleja; los lugareños la llamaron desde entonces la calleja de la Monja. En 1813 los restos de la monja se trasladaron a Santa María la Mayor de Trujillo. El 29 de agosto de 1880 se inaugura en el Pago de San Clemente la nueva parroquia de San Juan Bautista, fundación particular de D. Juan Malo de Molina y Soria, llevada a efecto por su viuda Doña María de la Paz Orellana y Romero. Desde el 17 de abril de 1933 y por donación de Doña Josefa Pérez Aloe García de Guadiana existe un colegio regentado por las Hijas de los Dolores de María Inmaculada en el Pago de San Clemente, hoy es un centro de retiro. |
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Casa de la Sierra de los Lagares |
